José Bruzón Ávila (Bruzón)

Las Tunas, 1966

El arte abstracto en Cuba se encuentra como barco a la deriva, a pesar de la existencia de un gran número de creadores disgregados por todo el país.


De niño tuve inquietudes artísticas, en especial para la pintura y la música. Desde la primaria siempre participe en diferentes concursos, logrando resultados positivos en los mismos. Aunque mis primeros estudios no fueron en el mundo del arte, este siempre me intereso y, a partir de 1992, después de ganar el Salón de Paisaje de ese año en Las Tunas y de ser invitado a participar en el evento internacional Comunidad ’94, celebrado en La Habana en 1993, me dedique de forma profesional a la pintura.


Mi formación es académica, a pesar que mi primera etapa como artista se desarrolló con conocimientos puramente autodidactas.


Actualmente solo me dedico profesionalmente a la pintura.


Es muy difícil escapar de la influencia de los grandes maestros que de una forma u otra han hecho aportes al movimiento del arte abstracto. Estamos obligados a ser profundos y creativos para lograr una identidad personal. En nuestro país, la abstracción desde los años 50 dl siglo XX se ha manifestado a través de varias figuras importantes dentro del movimiento abstracto como Julio Girona, Tomas Oliva, Hugo Consuegra, José Mijares, Antonio Vidal y Pedro de Oraá.


De la representación del abstraccionismo mundial me motivan las obras de los del Grupo El Paso, entre los que se destacan las obras de Canogar, Mompo, Zobel, Tapies. También hay que mencionar al español Miguel Barceló.


En realidad, cuando comencé en el campo de la pintura de forma profesional nunca pene dedicarme a la abstracción, ya que estaba atrapado por el mundo de la Academia, pero al trasladarme a vivir a La Habana me relacione con el abstraccionismo y comencé a estudiarlo de forma colateral a mi obra anterior. En particular, no intento adscribirme a corriente alguna. Eso se lo dejo a los críticos.


Con mi pintura abstracta pretendo buscar una nueva conexión entre el espectador y la obra, no imponerles las mismas sensaciones al observar la pieza. Busco algo más espiritual y a la vez más íntimo entre obra y espectador.


En estos momentos no me preocupa cómo se podrá recordar por parte de las futuras generaciones del medio artístico. Mi preocupación es solo continuar trabajando en busca de una obra cada vez más espiritual.


Soy un artista a quien gusta retarse a sí mismo. Para eso me pongo metas en la preparación de colecciones de obras para exponer en muestras personales o colectivas, por eso es que regularmente cada año expongo al menos una vez.


El arte abstracto en Cuba se encuentra como barco a la deriva, a pesar de la existencia de un gran número de creadores disgregados por todo el país. La falta de unidad debilita al movimiento, que necesita congregarse y defender el fenómeno abstracto que en realidad existe. Pero para que eso ocurra, los que se han atribuido el derecho inmerecido de creer ser dueños de algo que es de todos deben dejar el parapeto en las posiciones alcanzadas agotando sus fuerzas de forma dispersa y sin objetivos, y unirse a los que de verdad quieren que el movimiento abstracto atraque en puerto seguro.


Creo que los museos son muy importantes para el encumbramiento artístico, pero las piezas están como prisioneras en sus celdas frías. Me interesa más el reconocimiento al rigor y calidad con que se crea.


Me considero un ser humano exitoso, sobre todo por poder estar haciendo lo que me gusta y, mucho más, por sentir que muchas personas disfrutan de mi creación.


Sobre el mercado de arte abstracto en cuba, considero que se encuentra expuesto a varias condiciones y retos.


La falta de eventos que propicien la promoción de la obra de los diferentes creadores del arte abstracto en particular, limita su desarrollo y lanzamiento al mercado. La competencia desleal por parte de muchos que abaratan el valor de la obra de los creadores vendiendo a precios irrisorios provoca el desinterés de los que la consumen. Al no existir un mercado interno, los creadores nos encontramos en la desventaja de depender de un mercado externo. Todo esto debilita el movimiento, pero no lo consume.


Tomado del libro “La Pintura Abstracta en Cuba” por Luis García Peraza.
Jose Bruzon - cuadro fondo
Jose Bruzon - pinceles
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