LAS MISTERIOSAS CONEXIONES DE BRUZÓN


José Bruzón pinta con la mano del supremo creador. La perfecta armonía de sus composiciones semeja el equilibrio cósmico de las constelaciones. Pareciera como si se estuviese en pleno nacimiento de nuevas galaxias. Sumergirnos en sus lienzos constituye una emocionante aventura, es adentrarnos en una cosmogonía sui géneris donde el tiempo y la ingravidez se transmutan perfectamente.


Pero ¿dónde está la esencia de sus creaciones? Más allá del virtuosismo compositivo se siente al artista que vibra ante cada criatura traída al mundo, la dota de aliento vital para darle personalidad independiente. Diríase entonces que el artista cuenta con numerosa prole con identidades propias, irrepetibles, pero con la marca paterna.


Por esa razón Bruzón no se repite. Cada acto de creación constituye un peculiar modo de descubrir nuevas combinaciones cromáticas y compositivas. Hay una intensa vocación por la identificación única, lograda con esa mente y espíritu inquietos, insatisfechos, que desborda la simple demostración del buen oficio. Tal cualidad innata revela autenticidad y originalidad expresiva.


Es un verdadero misterio cómo Bruzón combina colores, texturas, formas, para crear esa delicada dialógica entre referentes consus-tanciados a la abstracción lírica y la abstracción geométrica. Quizás por esa peculiar forma de crear el espectador pueda construir sus propios relatos. El contrapunto visual deviene en amplísimas posibilidades imaginarias. Porque el autor permite al contemplador adentrarse libremente en sus intimidades e indagar sin estridencias sobre el principio del ser.


Muy lejos de toda arrogancia factual, ese conjunto de misteriosas conexiones que brinda el artista deviene en un intenso ejercicio mental de profundos matices semánticos. Ante la inicial catarsis que provoca el conjunto de su obra hay un posterior proceso de sedimentación espiritual. Estamos ante la representación escénica del nacimiento de la propia imago evocadora de asociaciones inefables y de permanentes analogías. Disfrutémoslos pues.


Dr. Luis Rey Yero
(Crítico de arte)

DONDE LAS BRÚJULAS PIERDEN EL RUMBO


Los años 20 del pasado siglo abrieron un camino estético sin precedentes en la historia del arte occidental. Varios artistas europeos, enfebrecidos por el influjo vanguardista, exploraron la ruptura de la perspectiva euclidiana en las naturalezas muertas de Paul Cezanne y decidieron representar las cosas no como se ven, si no como están hechas.


Entonces, Pablo Picasso y Georges Braque inventaron el cubismo, el francés Léger alargó los cubos hasta convertirlos en tubos, Kandinsky organizó las áreas cromáticas según le dictó su inspiración musical, Mondrian encerró planos geométricos en líneas rectas que desterraron los sentimientos, y Malévich ejecutó un cuadrado blanco sobre fondo blanco, epítome incuestionable de la forma pura. La realidad pictórica murió tal y como la conocieron los artífices románticos. La realidad ya no existía: los cubistas la hicieron pedazos, y los abstraccionistas acabaron por enterrarla.


La historia de la pintura abstracta en Cuba ha sido tortuosa y polémica, y va desde los míticos grupos de Los Once y Diez Pintores Concretos, hasta la serie de exposiciones que en los años noventa retomaron el trabajo de artistas consagrados o promocionaron nuevos talentos. Lejanas ya las viejas acusaciones que lo catalogaron de solipsista y aburguesado, en molesta disonancia con el acérrimo figurativismo que debía caracterizar a la plástica revolucionaria, no cabe dudas de que el abstraccionismo producido hoy en nuestro país cuenta con más adeptos que detractores, siendo finalmente asumido, estudiado, promocionado y comercializado por academias, galerías y proyectos curatoriales de variado tipo.


Por suerte, para cualquier crítico, investigador o curador cubano actual es un placer comprobar como la abstracción sobrevive y se perfecciona en la obra de creadores jóvenes que la cultivan y ven en ella el medio ideal para la expresión artística. Tal es el caso de José Bruzón Ávila, cuya pinturas no figurativas evidencian el profundo nivel estético alcanzado por esta tendencia en el arte contemporáneo al interior de la Isla.


Apreciar las abstracciones de Bruzón implica recorrer enigmáticos senderos donde las brújulas tuercen las agujas y pierden el rumbo. En ellas no hay puntos cardinales, pues arriba y abajo, Este y Oeste se superponen en una danza alucinante, llena de luz y colores, que cautiva al espectador y lo envuelve en un viaje inexorable hacia los predios de la belleza.


En su ya extensa carrera como abstraccionista, Bruzón ha buscado establecer sin cansancio un sutil equilibrio entre formas y conceptos. De un lado, estudia y construye universos imposibles cargados de gran lirismo y musicalidad; del otro, canaliza y refleja sentimientos, anhelos y satisfacciones, pues su trabajo es un referente directo de todo lo que ve y siente, de su estrecho contacto con el mundo.


Sus pinturas deben ser valoradas como un sistema de signos que cohabitan, se superponen, anulan o complementan hasta alcanzar cada uno el justo lugar que le corresponde. Luego habrá que acercarse para degustar al detalle lo que contienen cada una de ellas, y diseccionarlas centímetro a centímetro, cual diestro cirujano, siguiendo líneas, contorneando áreas, deteniéndose allí donde reinan las texturas. No tardarán en emerger puntos de contacto entre piezas ejecutadas con días o meses de diferencia, pues el dibujo que comienza en una no alcanzará su máximo valor expresivo si no en otra, o aquella misteriosa circunferencia que vimos por allá se desdobla y esparce aquí como esporas de algún viejo sortilegio.


Solo así, tras recorrer con los ojos la inquieta topografía que este hábil artista ha ido construyendo desde sus primeras abstracciones hasta las más recientes, habremos traspasado las fronteras de lo real en pos de ese inasible lugar donde lo maravilloso se manifiesta con total naturalidad, sin pedir permiso.


Más que entender la pintura de José Bruzón, debemos sentirla, pues ante todo es susceptible a la percepción intuitiva por encima de la lógica, y está llena de los ecos y sobresaltos que expresan el huracán interno de su creador, siempre en atareado intercambio con los planos emocionales de la existencia.


Maikel Rodríguez Calviño
(Máster en Ciencias del Arte)

PAISAJES


A: Bruzón, joven pintor, ganador del gran premio 1994 paisaje.


El joven pintor Bruzón
Pinta, y parece que moja
Sus pinceles en la roja
Tinta de su corazón.


Bella es su combinación
Con un blanco de ternura,
Un sereno azul de altura
Y un verde con gualdas flores,
Yo no veo sus colores,
Pero sueño su pintura.


Jesús Orta Ruiz
Indio Naborí Las tunas,
2 de julio 1994.

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